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En conversación con nuestro medio, el consejero regional Rodrigo Arismendi aborda desde su mirada profesional como arquitecto y su rol en el CORE Los Lagos, la compleja situación que enfrentan dos de los principales hitos patrimoniales de la comuna de Maullín: la Iglesia Nuestra Señora del Rosario y la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria de Carelmapu. Ambas, pese a su valor histórico, arquitectónico e identitario, continúan entrampadas en procesos administrativos que han retrasado su restauración y trabajos de emergencia según cada caso.


¿Por qué estas iglesias son tan relevantes desde el punto de vista arquitectónico y patrimonial?

Rodrigo Arismendi:
“Creo que es significativo lo que representan en el tema arquitectónico estas iglesias para Carelmapu y Maullín. Siempre he mencionado la importancia de la identidad de las comunas y también del relato. Estas iglesias son parte del relato de nuestra historia, por lo mismo creo que es fundamental restaurarlas, conservarlas y no perder este patrimonio arquitectónico que son hitos dentro de una ciudad y referentes de lo que se ha construido”.

“Muchas veces, cuando uno visita otras ciudades o países, las iglesias destacan por su arquitectura y por lo que entregan al relato urbano. Son puntos significativos para el turismo y para la identidad local”.


Ambos templos comparten una tradición constructiva común. ¿Qué elementos arquitectónicos los caracterizan?

Rodrigo Arismendi:
“Estas dos iglesias pertenecen a una misma tradición, vinculada a la escuela de arquitectura religiosa en madera del sur de Chile. Arquitectónicamente son muy similares: planta basilical de tres naves, volumen longitudinal, cubierta a dos aguas y torre frontal, que son muy características”.

“En el caso de Maullín, es un volumen longitudinal tipo galpón, con una torre de fachada frontal, construido con maderas locales ensambladas, muy vinculada al territorio, mirando al mar y conectada con la plaza”.

“En Carelmapu también hay una planta de tres naves, pero con una diferencia: el acceso era directo, sin pórtico, lo que no es tan tradicional. Ambas son reinterpretaciones locales de modelos europeos, pero construidas con técnicas y materiales del territorio, lo que les da su identidad”.


En el caso de Carelmapu, el incendio marcó un punto crítico. ¿Cómo se logró mantener su condición patrimonial?

Rodrigo Arismendi:
“Recuerdo que cuando se quemó la iglesia de Carelmapu, muchos pensaron que no se podía seguir adelante. Pero existía un proyecto de diseño muy avanzado, donde se había hecho un levantamiento pieza por pieza, como un puzzle”.

“Además, se estableció algo muy importante: el valor patrimonial no estaba solamente en la estructura física, sino también en el patrimonio inmaterial, asociado a la religión y a la fiesta de la Candelaria. Eso nunca se perdió”.

“Eso nos permitió justificar que no se trataba de una obra nueva, sino de una restauración con continuidad patrimonial. Es un precedente importante en Chile”.


¿En qué etapa administrativa se encuentra actualmente la reconstrucción de la iglesia de Carelmapu?

Rodrigo Arismendi:
“Hoy el proyecto está en proceso de licitación. Ya se pasó la etapa de consultas, viene la apertura técnica el 13 de abril, la apertura económica el 19 de mayo, y esperamos que esté adjudicado el 5 de agosto”.

“La idea es que dentro de este año se pueda iniciar la construcción. Sabemos que la comunidad ha esperado mucho tiempo, pero estamos en la fase final del proceso administrativo”.


La situación de la iglesia de Maullín parece más compleja. ¿Qué ha ocurrido ahí?

Rodrigo Arismendi:
“En Maullín se avanzó inicialmente: el municipio contrató a un profesional que hizo el levantamiento, que quedó listo en enero del año pasado. Pero luego se necesitaban los términos de referencia desde el Ministerio, y eso no ha tenido respuesta”.

“Eso ha impedido avanzar hacia el RS (Recomendación Satisfactoria) para la etapa de diseño. Es un problema administrativo que no depende directamente del municipio”.


¿Existe alguna alternativa para destrabar ese proceso?

Rodrigo Arismendi:
“Estamos buscando acortar los plazos. Normalmente un diseño puede demorar 24 meses, pero estamos evaluando reducirlo a 18 meses, incluso si eso implica un mayor costo”.

“También se está gestionando a nivel central para que se entregue una hoja de ruta clara. El 9 de abril debería haber una definición sobre cómo avanzar”.


Más allá de lo técnico, ¿qué representan estas iglesias para la comunidad?

Rodrigo Arismendi:
“Ambas son la identidad de su territorio. Son hitos, referentes, y parte del relato de cada comunidad. Representan una reinterpretación local de la arquitectura europea, pero hecha con materiales y técnicas propias del sur de Chile”.

“Insisto: no son solo edificios. Son memoria, historia y sentido de pertenencia. Por eso es tan importante recuperarlas”.


Una espera que tensiona el patrimonio

Mientras Carelmapu avanza —aunque lentamente— hacia la reconstrucción de su templo, la iglesia de Maullín continúa atrapada en una etapa administrativa crítica. En ambos casos, el factor común ha sido la burocracia, que contrasta con la urgencia patrimonial y emocional de las comunidades.

La restauración de estas iglesias no solo implica rescatar estructuras de madera, sino también preservar una forma de habitar el territorio, donde arquitectura, fe e identidad local se entrelazan profundamente.

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