Cargando... usuarios explorando el Bastión ahora
|
Total visitas: 0
Maullín: --°C
Cargando… Cargando…

Puerto Montt. A casi 50 años de su descubrimiento, el sitio arqueológico de Monte Verde II vuelve a ocupar un lugar central en la discusión científica internacional. Esta vez, no por consolidar su estatus como uno de los asentamientos humanos más antiguos de América, sino por el cuestionamiento a su cronología, planteado en un estudio publicado en marzo de 2026 en la revista Science, que propone una antigüedad considerablemente menor a la aceptada durante décadas.

La investigación sugiere que el sitio podría datar entre 8.200 y 4.200 años antes del presente (AP), en contraste con los 14.500 años AP que lo posicionaron como un referente clave del poblamiento temprano del continente. La diferencia —de más de seis milenios— no solo reabre una discusión técnica, sino que tensiona uno de los consensos más influyentes en la arqueología americana reciente.


Un debate técnico que escala a controversia

El nuevo estudio basa su propuesta en una reinterpretación de la estratigrafía y dinámica geológica del sitio, planteando que gran parte de los materiales orgánicos datados en el Pleistoceno tardío habrían sido redepositados en capas más recientes producto de procesos erosivos del estero Chinchihuapi.

Entre los argumentos principales destacan:

Sin embargo, la publicación no solo generó debate académico, sino también una respuesta particularmente crítica por parte de los investigadores originales del sitio.


“Ciencia mala”: críticas directas y cuestionamientos metodológicos

Los arqueólogos Tom Dillehay y Mario Pino, responsables de las excavaciones originales, rechazaron de forma categórica el estudio, calificándolo incluso como “ciencia mala” y acusando errores metodológicos graves.

Entre sus principales cuestionamientos destacan:

Dillehay fue enfático en señalar que “es imposible tomar la estratigrafía de zonas afuera del sitio e imponerla adentro”, mientras que Pino sostuvo que el equipo habría buscado datos de manera selectiva para sustentar una cronología más reciente.

También se cuestionó el uso de terminología y clasificaciones geológicas, señalando la introducción de una nomenclatura no estandarizada, así como la representación de elementos que —según los investigadores— no existirían en el terreno.

En relación con uno de los pilares del estudio, la capa de ceniza volcánica, Pino planteó dudas sobre su interpretación, indicando que las cenizas no se pueden fechar directamente, sino solo de manera indirecta, lo que abriría un margen significativo de incertidumbre.

Las críticas escalaron incluso hacia el sistema de publicación científica. Pino cuestionó el proceso editorial y sugirió que la difusión del estudio responde también a dinámicas de visibilidad e impacto mediático.

Ambos investigadores anunciaron una respuesta formal en la revista Nature, con el objetivo de refutar los resultados presentados.


Disputa institucional y ética de investigación

La controversia también ha incorporado un componente institucional. Dillehay y Pino informaron el envío de un oficio al Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), solicitando aclaraciones sobre posibles intervenciones sin permisos adecuados en el sitio, que posee la categoría de monumento histórico.

Este aspecto, aunque externo al debate estrictamente científico, introduce variables relevantes sobre la regulación del acceso, la ética investigativa y la gestión del patrimonio arqueológico.


Medio siglo de investigación: un legado consolidado

Más allá de la polémica, Monte Verde representa uno de los procesos de investigación más prolongados y consistentes en la arqueología sudamericana.

Descubierto a fines de los años 70, el sitio fue clave para cuestionar el paradigma Clovis, adelantando la presencia humana en el continente a al menos 14.500 años AP, validación que fue respaldada por una evaluación internacional en 1997.

Su importancia no radica únicamente en la antigüedad, sino en la calidad excepcional de su registro arqueológico, particularmente en contextos de preservación húmeda.

Las condiciones de turba han permitido conservar:

Este conjunto ha sido interpretado como una de las evidencias más completas de vida humana temprana en América.


Ciencia y comunidad: hacia un patrimonio vivo

En paralelo al debate científico, el sitio avanza en su consolidación como patrimonio cultural y social.

Durante la campaña de excavación de 2025, la Fundación Monte Verde abrió por primera vez el proceso a la comunidad, permitiendo visitas guiadas de estudiantes, docentes y vecinos. Esta iniciativa se enmarca en la candidatura del sitio a Patrimonio Mundial de la UNESCO, proceso activo desde su incorporación a la Lista Tentativa en 2004.

Programas educativos y actividades territoriales han reforzado el vínculo entre investigación y comunidad, posicionando a Monte Verde como un espacio de identidad local y proyección global.


Replicabilidad y revisión: una discusión necesaria

Uno de los elementos más destacados del estudio de 2026 es su carácter de primera investigación independiente en casi 50 años, lo que reabre la discusión sobre la necesidad de replicación en arqueología.

El académico Simón Sierralta valoró este punto, señalando que el estudio introduce “datos nuevos” y un “punto de vista que hay que considerar”, aunque también advirtió que aborda solo una parte del sitio y que existen evidencias —como maderas trabajadas datadas en torno a 14.500 años— que mantienen abierta la discusión.

Esta dualidad refleja un aspecto central del debate:
la coexistencia de nuevas metodologías con interpretaciones consolidadas, y la dificultad de integrarlas sin generar fricción.


Una controversia abierta

Si la nueva cronología fuese confirmada, Monte Verde perdería su rol como evidencia clave del poblamiento pre-Clovis. Sin embargo, su relevancia científica no desaparecería, dado su valor como registro arqueológico excepcional.

Por ahora, el escenario permanece abierto. Las posturas enfrentadas evidencian no solo diferencias en datos, sino también en enfoques metodológicos, escalas de análisis y criterios de interpretación.

En ese contexto, Monte Verde vuelve a cumplir un papel que ha marcado su historia: no solo aportar respuestas, sino también generar preguntas fundamentales sobre cómo se construye el conocimiento científico.

A medio siglo de su descubrimiento, el sitio no solo representa un hito del pasado, sino también un campo activo donde se debate el presente —y el futuro— de la arqueología americana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *